Lo primero que atrae es esa casita transparente que demuestra modernidad en el uso de materiales para construir y lo increíble es que su estructura sea como una casita de madera en el campo. Una casita en la pradera en el corazón de Piantini, eso es el Laurel.

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Al entrar, impresiona su decoración, tan básica y acumulativa, como si realmente hubiéramos entrado a la máquina del tiempo y nos hubiera llevado a la casita de la abuela, pero en los Alpes Suizos.

Lo demás es el mobiliario, la atención, la forma de proyectar la luz y cómo nos sentimos en una terraza que se extiende hasta más allá, porque todo lo podemos ver.

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Luego está que ahí están todos. Ya dijimos que está de moda. Más allá vemos la carta de vinos, tan amplia y con tan buen gusto y al precio deseable. Cuando vienen los platos y los probamos estamos seguros de que nos han llevado al paraíso.

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Si contar el pequeño detalle con importancia de su personal. Atento, educado, sabe lo que le toca y lo hace a tiempo… Aunque todas las mesas estén llenas… Ya lo comprobamos y tú, ¿cuándo vas?

About The Author

Marivell Contreras

Poeta y comunicadora dominicana. Con experiencias en medios escritos, radiales, digitales y televisivos.

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