La ética y la estética del verbo en estos días se han abierto expresiones plurales sobre “la comunicación” y el oficio de comunicar en el país. Estamos alarmadas, asombradas y preocupadas por el tono, el contenido, la grosería, la vulgaridad y la violencia verbal que están allanando y cubriendo cada vez más nuestros programas radiales y los televisivos. No quedan exentos comunicadores y periodistas de prensa escrita que le quitan por completo al lector el deseo de leerles, analizarles y hacer una crítica constructiva y que valga la pena”.
Muchos se atreven a utilizar la injuria y el insulto sin ningún respeto hacia quienes se dirijan, sin que ningún dueño o propietario de los canales de radio y televisión intervengan para proteger a la ciudadanía en la justa medida de la palabra, y ejecutar su papel de filtro del límite en la imagen, pues sabemos que la imagen es también portadora de valores. Lo único que se escucha en personas de educación y buena fe “¿Y hasta dónde vamos a llegar?”
Se está yendo demasiado a fondo con el sensacionalismo, sin preservar la prudencia del respeto del cuerpo, de la privacidad, de la vida y de la muerte. Las cámaras vuelan sobre los accidentados y los asesinados, como moscas e hienas sobre la carroña, sin respeto ni pudor, sobre todo, a los familiares, y a la sociedad en general.
Efectivamente, el verbo es cada día más cuestionable en los medios de comunicación audiovisuales en República Dominicana, lo que ha invitado a muchos comunicadores y periodistas de arte y oficio a expresarse sobre el tema y levantar el telón. Pero el problema es mucho más que semántica, es un planteamiento de ética verbal, pues el verbo es ética y estética, es actitud intelectual y cívica que cumple con la palabra.
Tenemos maravillosos ejemplos de firmas como la de Juan Luis Cebrián Echarri, periodista, escritor y empresario español, académico de la Real Academia Española. Egresado en Humanidades en la Universidad Complutense de Madrid. Con un largo periplo, a finales de la década del 70, fue director-fundador del diario El País, además de desempeñar el puesto de presidente del Instituto Internacional de Prensa (IPI).
Generaciones enteras se han nutrido de los editoriales inolvidables como las de Ignacio Ramonet, nacido en Galicia, España, con residencia por años en París, Francia, galardonado en innumerables ocasiones. Egresado de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, escritor, periodista sobre todo en prensa escrita en el periódico Libération. Geopolítico y sociólogo
Estos nombres han marcado la mejor prensa europea entre los años 70 y 90, tanto en prestigiosos diarios como El País, Le Monde y Libération, periódicos que nos han ofrecido las mejores oportunidades de medir los sucesos de la sociedad y del mundo. Recuerdo todavía los tiempos cuando en vez de preguntar los títulos de tal periódico, nos era más intenso y apasionante saber quién había escrito y sobre qué tema. Comprábamos la prensa en relación con quién había firmado ese día.
Teníamos nuestras firmas predilectas, como en literatura nuestros autores. Mi generación buscaba en “Le Monde” los artículos de Marcel Niedergang, por la sutileza informativa con la que nos ponía al día sobre los sucesos en América Latina.
Este periodista fue el enviado especial de la agencia francesa de prensa durante la “Guerra de Abril de 1965”, y gracias a su minucioso conocimiento también tenía una gran experiencia de terreno, dato que consideramos fundamental para quien escribe y reporta en la prensa. Como nota anecdotica fue recibido por el intelectual y periodista don Carlos Curiel, quien además de haber sido un gran intelectual, laboraba para La Nación y luego para El Caribe, como subdirector, era de los escasos y quizás únicos periodistas dominicanos que hablaba perfectamente francés e inglés, y tenía representación de agencias de prensa internacionales. Vivió muchos años en el Edificio Baquero de la calle El Conde, y desde su apartamento estudio se escribían y hacían posteriormente los despachos de prensa de Abril de 1965, coadyuvaba con ellos intelectuales como don Hugo Tolentino, también francófono.
En la actualidad es bastante extraño cuándo se define un tipo o genero de periodismo como “periodismo de investigación”, pues nos parece que la investigación es el fundamento mismo del periodismo sin tomarlo como una especialización, sino como un valor intrínseco del oficio y arte de comunicar, de escribir…”
Por otro lado, podemos entender que el adjetivo tiene todo su sentido por el crecimiento de la prensa de opinión sin fundamentos y con puntuaciones totalmente personalistas, parcializadas y limitadas por la pulsión clientelar, con unos afanes que suprimen de lleno el arte de la palabra en su concepto, pues ese o esa comunicadora o comunicador, es ante todo, un manipulador de conciencias, un exterminador de la razón y de la reflexión que lleva al lector y al vidente a reaccionar fuera de toda cabalidad y responsabilidad porque lo convierten en un “objeto reducido a sus instintos”, por demás muchas veces primarios.
Hemos llegado a un nivel de vulgarización tan alto de la palabra que podemos hacer el ejercicio de niveles de voz, de utilización de substantivos y adjetivos insultantes de fraseos reductores y veremos que muchos programas tanto de televisión como de radio no son más pobres o bajos que las peores discusiones en un colmadón o en una gallera.
Es un ejercicio totalmente deprimente al que asistimos, porque es el mismo lenguaje, el grito y la misma violencia sexista.
La prensa tiene que llegar a un equilibrio donde la información se ofrezca con reglas claras en la expresión escrita y oral. Para ello no hay que pensar en censura, pero sí en un organismo regulador que intervenga con un esquema de protección de las personas, del ser más pobre al ser más pudiente…
Es intolerable pensar que estamos en un país que insulta a un Presidente por el simple hecho de la libertad de pensar, la primera libertad es la de pensar con corrección y con reglas verbales y educación. Pero también, se insulta sin medida, bajo la burla y la provocación a los discapacitados, a toda persona marcada por una diferencia hasta racial. Es hora que el mismo Colegio Dominicano de Periodistas convoque a los colegas y se identifiquen posibilidades de encuentros e intercambios para desde la profesión marcar una regulación crítica sobre la crisis que estamos viviendo dentro de la comunicación, es una crisis moral de trascendencia ciudadana. La prensa, el comunicador y las comunicadoras deben elevar a la sociedad hacia la educación y la búsqueda de valores ciudadanos.
Tenemos la responsabilidad de la palabra, de escogerla, de seleccionarla, de manejarla con el arte de la verdad y del respeto. La televisión está ejerciendo una provocación al pueblo dominicano pues no cumple con reglas de educación y buenas costumbres y formas, no es posible que en un país de tantos canales y programas solo se puedan ver tres o cuatro, no es posible que en una democracia la inteligencia, la objetividad, la profesionalidad ética sean de una minoría.
Estamos en una situación totalmente burlesca, la prensa oral y visual se está auto-censurando, pues cada día oímos entre muchos sectores de la juventud decir que no escuchan radio ni ven programas nacionales, esto nos parece muy inquietante… pues se pierde el enlace con las nuevas generaciones y la sociedad civil, es muy penoso y alarmante y peligroso para el porvenir de una nación.
Tenemos que volver a meditar sobre la prensa nacional y reflexionar sobre los años gloriosos de un periódico como El Sol donde leíamos con gran deleite muchas firmas valientes de este país. Recordamos también al periódico EL Siglo, y tantas firmas brillantes que nos hacen mucha falta.
Nos enorgullece pensar que son mujeres como Nuria, Mariasela, Jatnna, Altagracia, Edith, Alicia, Yanela, Diana, Faride, Milagros, Marivell e Inés Aizpun, son tantas las que intentan con compromiso y convicción hacer de la comunicación un arte de proximidad con la ciudadanía que a pesar de estas reflexiones en República Dominicana todavía podríamos salvar lo que Beaumarchais llamaba “el más bello de los ejercicios…Comunicar”, pero con o a través del arte, del garbo, del respeto del verbo, de la educación y la inteligencia.

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