Como la mayoría de los elementos de la naturaleza, el agua no es simplemente la nomenclatura mineral que hace posible el funcionamiento del cuerpo humano y de la vida en el planeta tierra. Desde la lluvia que cae, al estanque, el río, el mar, son estadíos de la naturaleza que forman parte del paisaje de fondo de nuestro devenir, que marcan el presente, permean el pasado y hace temer por el futuro.
Desde la inmensidad de los grabados en las memorias infantiles de Joel Gonell (Loma de Cabrera, abril 1974), para quien el lago Enriquillo siempre estuvo ahí y Joel Javier Villalona (Santo Domingo, octubre, 1987) para quien este lago era la vuelta al origen de la madre. Un viaje de vacaciones en los que se mezclaba su capacidad de asombro, al comprobar que las pegatinas de los libros infantiles eran mundos posibles, nos llega esta exposición “Memoria de Lago a Lago y de Joel a Joel”.
Cada uno hace uso de su memoria, en su acepción metafórica de que recordar es volver a pasar por el corazón, para presentarnos su lago personal. El de la maravillosa explosión de colores y formas de Joel Gonell para quien el lago no será nunca el de hoy, sino el que explota en su retina con las chispas de agua que suben y que el sol transforma en un brillante y colorido escenario que llama a cerrar los ojos y sumergirse y mientras se está placido deslizándose por debajo del agua no se puede olvidar el estallido de luz con que el lago se hizo fiesta de bienvenida.
En tanto que en el lago de Joel Javier Villalona se mantiene el asombro del niño que va de la ciudad al campo, que deja atrás los carros y el cemento de la urbe, con sus escasos y pequeños pájaros y animales invertebrados a una tierra de lagartos gigantes.

Joel Javier Villalona

Aún los vislumbra con sus ojos de niño. Y nos lo devuelve con esa impresión. La de estar ante la imponencia de unos gigantes, a los que uno se acerca o no se acerca, porque somos niños y tenemos miedo. O porque siendo grandes le guardamos respeto y una insobornable admiración.
Uno recuerda y sonríe. Joel Gonell, el del corazón imperturbable a quien nadie le robará su paisaje.
El otro mira el paisaje de hoy y sabe que eso no fue lo que vio y teme que eso siga cambiando y se borre hasta de su recuerdo, y que cuando intente volver con sus hijos o nietos, ellos puedan pensar que los cuentos de sus aventuras infantiles con cocodrilos, iguanas y flamencos en un lago gigante no son otra cosa que simples cuentos para entretenerlos.
Entre el pasado y el presente de ambos artistas hay toda una epopeya y un grito:
!salvemos el lago!
Cada uno llora a su modo y el lienzo lo confirma. Un Joel Gonell que en sus abstracciones nos humedece la cara. Si no nos apartamos y dejamos que el agua inclusive nos moje los pies, podremos tocar las aves que vuelan en su alma y volvemos sin darnos cuenta a nuestros propios ríos, estanques, charcos, lagunas…

 

Joel Javier Villalona, no menos soñador, en su estilo figurativo nos lleva a una tierra de gigantes a los que se les ha escurrido su hábitat, que de repente despiertan y descubren que lo único que queda es el ojo que mira y que lamenta haber estado dormido cuando otros destruían la vida que hubo allí.

Joel Gonell

Con ambas miradas, los Joel al parecer hacen acopio de una idea del escritor italiano Alessandro Baricco: “un sueño es algo que funciona” quién agrega que si queremos salvar a alguien o algo lo recomendable es eso soñarlo.
Y esto es “Memorias de un lago. Visiones de Joel a Joel”, un sueño para despertarnos y que junto a ellos: salvemos el lago!

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