sd

El asombro que produce un país y su paisaje en una persona que lo ve por primera vez

IMG-20140610-WA0005Cortney Paulson vino por primera vez a República Dominicana. Por ahí anda, haciendo gestión turística voluntaria; conociendo y dando a conocer el país a jóvenes estudiantes de Estados Unidos que vienen a hacer trabajo social como parte de su curriculo de Hight School. Le pedimos compartir sus impresiones. Ella, con su asombro nos recuerda la riqueza que tenemos…

¿Qué fue la primera cosa que me vino a la mente cuando decidí planificar un viaje a la República Dominicana?¡Las playas por supuesto! La foto típica de una postal con arena blanca, el agua azul, unas palmeras y un cuba libre en la mano, lo cual es, para una Nuyorquina recién salida del invierno, el paraíso.

Llegando al Aeropuerto de las Américas cogí un bus directo a mi destino final: La arena blanca, que parecía llamarme desde el mismo avión.

No puedo negar que cualquier Dominicano tiene todo el derecho a su orgullo nacional con respecto a la costa. Los postales no le dan justicia a su belleza. Pero, aunque ahora soy testigo de la maravilla que es el Mar Caribe,  después de unos días en el sol y una quemadura terrible que me mandó de regreso a la capital buscando refugio, descubrí  la verdadera riqueza del país que queda a menos de un kilómetro del mar, pero que se extiende siglos para atrás hasta el verdadero descubrimiento de América.

Sin saber (ni un poquito) que estaba a una cuadra de la primera puerta del nuevo mundo, encontré un hostal que queda por el Parque Colón, dejé la mochila y fui en búsqueda de algo para comer. Encontré una cafetería en el Conde que es conocida por su sandwiches y la gente suele sentarse afuera en la tarde para tomarse un café o fumar un cigarro.

IMG-20140610-WA0006

Courtney Paulson (blusa print) con una de sus compañeras de viaje.

Fue allí que un Señor me empezó a contar la gran historia de los Taínos que antes poblaban la Isla, los Españoles que llegaron en nombre de la Reina Isabel y la ciudad que establecieron que sería desde entonces llamada la puerta al Caribe para el nuevo mundo Europeo.  Sentía que me perdía en el ambiente, saturada en la escena de la pequeña calle peatonal que está llena de vendedores de arte, gente relajando con un par de cervezas y el olor de empanadas recién hechas.

Con excepción de unos turistas, no vi a nadie que tuviera prisa de nada. Parecía que hubiera algo en el aire (tal vez la bachata o el timbal que tocan  en cada esquina) que hacía que la gente se moviera con un poco más de flexibilidad y disfrutara más los momentos presentes sin preocuparse mucho de los que estaban por venir.

El día siguiente me pasé toda la mañana caminando por las calles que la misma historia las ha hecho sagradas, siguiendo las huellas de Colón y sus camaradas. Siempre había escuchado el dicho In fourteen hunderd ninty two, Columbus sailed the ocean blue, pero viendo la evidencia de que el año 1492 realmente existe, es otra cosa.

¿Cómo puede ser que yo toque la misma piedra que formaba una pared que protegía la ciudad hace 500 años?

Caminando en la calle  Las Damas, imaginaba a las mujeres en sus vestidos largos caminando de igual manera con sus parasoles (sombrillas o paraguas)  y los soldados que vigilaban el mar desde la Fortaleza Ozama, asegurando el pueblo en contra de un ataque marítimo o pirata.

IMG-20140610-WA0003

Me senté en la Plaza de San Antón con vista al Monasterio de San Francisco para comer un mango y descansar un rato del sol. Aún siendo amateur con la técnica de comer mangos, pero con ganas de comer unos tres a la vez, me ensucie no solo las manos sino la cara entera y una buena parte de la camisa también.

En estilo típico dominicano pasó un señor que me saludo y viendo mi estatus, ofreció lo que le quedaba de su botella de agua para lavarme las manos y… todo lo demás. Sonrió, me deseó suerte y siguió su camino.

De este tipo de historia tengo un montón. De las calles de Nueva York, a la amabilidad y generosidad que se reconoce en la gente de Santo Domingo hay un cambio monumental.

Después de dos días sentía que había recorrido no solo una zona de la ciudad, sino una historia integral de la vida de todos nosotros los del mundo occidental.

Por Courtney Paulson

No wonder so many tourists come to this small country every year, they are visiting the birthplace of America, the origin of their existance, the place where Europe met ingenous, met Africa, met the diversity that would mark the good, the bad and the rich of our modern story.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published.